GINKGO / Ginkgo biloba

El nombre genérico proviene de su primitivo nombre chino, yah-chio que significa pie de pato, por la peculiar forma de las hojas. Al pasar al japonés la palabra cambió a ginkyo y luego al latinizar el nombre quedó en ginkgo, posiblemente por un error tipográfico.

El ginkgo es una auténtica reliquia biológica, un fósil viviente que convivió con los dinosaurios. De hecho, posiblemente sea la especie de árbol viva más antigua del reino vegetal.

Árbol sagrado en Extremo Oriente, se cultiva en China desde el siglo XI, de donde pasó a Japón. Durante mucho tiempo se creyó que solo sobrevivía como especie cultivada en las calles de la ciudad o junto a templos y palacios, pero ya en el siglo XX se demostró su crecimiento silvestre en un valle remoto del Este de China.

Al Real Alcázar llegaron durante el otoño-invierno de 1910 dentro de la partida de árboles procedentes del Real Sitio de la Granja de San Ildefonso con objeto de crear el jardín Inglés. De los 25 ejemplares que llegaron hoy se conservan 10, los cuales establecen, durante los meses de diciembre y enero, un gran contraste con la vegetación vecina debido a su cromatismo otoñal, amarillo intenso. ¡Aún estás a tiempo de verlos!

Os dejamos con un extracto de un poema que Goethe escribió con el nombre de Ginkgo Biloba inspirándose en un ejemplar que vio en Heidelberg, Alemania, hace ya dos siglos, en 1815:

las hojas de este árbol, 

que del Oriente a mi jardín venido, 

lo adorna ahora, un arcano sentido tienen… 

¿no adivinas tú misma, por mis canciones, que soy uno y doble?

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CIPRÉS / Cupressus sempervirens

Nada más entrar en el Real Alcázar, dos cipreses reciben al visitante. Igualmente, los antiguos romanos solían plantar cipreses a la entrada de sus casas como símbolo de hospitalidad, señal de que ahí se daba cobijo al viajero. De la misma manera, nos gustaría comenzar con esta especie a modo de bienvenida.

Los poetas griegos y latinos atribuían al ciprés un significado asociado a la inmortalidad, considerándolo el árbol de los difuntos, al estar consagrado a Plutón, dios de los Infiernos. Este simbolismo espiritual, ligado a la vida eterna- el ciprés es de hecho una especie muy longeva que puede vivir 3000 años-, fue retomado por los cristianos y por ello acompaña las tumbas y los cementerios. Se creía además que era, junto con el cedro, el olivo y la palmera, uno de los cuatro árboles cuya madera había sido utilizada para construir la cruz de Cristo y también el arca de Noé.

El ciprés ha sido así uno de los árboles más apreciados por las culturas antiguas de Europa y Próximo Oriente por sus propiedades medicinales -aparece por este motivo ya en una inscripción asiria de hace 3500 años-, su resistente madera y sus cualidades aromáticas. El árbol tuvo un uso “arquitectónico” y decorativo no solo en época romana, sino también en la islámica medieval, y así es recomendado su uso por los geóponos andalusíes Ibn Luyun e Ibn al-Awwam. La presencia de polen de ciprés en los estratos medievales del Generalife en la Alhambra de Granada certifica su presencia desde el origen de estos jardines, incluso en cantidades notablemente más abundantes que las actuales, por lo que no es de extrañar que en algún momento de la época andalusí fuera usado el ciprés con este sentido ornamental en los Reales Alcázares de Sevilla.

Hoy en día aparecen en estos jardines de manera aislada, formando pequeños grupos o grandes alineaciones, como la del Jardín de los Poetas o la más clásica del Paseo de los Cipreses en el Jardín del Marqués, recordándonos aquellas agrupaciones típicas de la Toscana.

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