CIRUELO JAPONÉS / Prunus cerasifera var. pissardii

Son tres los Prunus que llenan de color la primavera de los jardines del Real Alcázar. Ya os hemos hablado del almendro, después están el melocotonero de flor y del que hoy os hablamos: el Ciruelo japonés; también llamado Ciruelo rojo, de Pissard, de flor o Cerezo de jardín. Estos tres representantes de este género de las Rosaceae, con más de 100 taxones descritos, son el paradigma del arranque de la primavera debido a su precoz y temprana floración, que antecede incluso a sus hojas, y que inunda de tonos blancos y rosas los jardines de todo el mundo.

Prunus es el nombre latino del ciruelo silvestre, cerasifera alude a las pequeñas ciruelas que, semejantes a cerezas, posee esta planta originaria del Cáucaso y el oeste de Asia (no del Japón, con el que se relaciona por su estética similar a los cerezos nipones en flor).

En el Real Alcázar está presente la variedad pissardii o atropurpurea. Este sobrenombre se le puso en honor al jardinero imperial del Sha de Persia, monsieur Pissard, quién a finales del s.XIX estabilizó una mutación que se produjo en un ciruelo cultivado en el palacio de Tabriz, al norte del país, y que consistía en una coloración rojiza-purpúrea de sus hojas.

En 1880, después de observar que dicha cualidad la mantenían los esquejes del original, M. Pissard envió unas muestras de la nueva variedad a uno de sus colegas en Francia, el Sr. Paillet, desde donde se extendió rápidamente su cultivo por el planeta. Esta aceptación se debe, precisamente, a la tonalidad rojiza de sus hojas, lo cual ofrece contraste al común verde de la vegetación, pero también a su temprana y profusa floración rosada.

En el Alcázar los ciruelos aparecen junto a otros árboles de procedencia oriental en ese pequeño bosque planetario y paisajístico que es el Jardín Inglés. Curiosamente, no es la única historia de esta publicación que relaciona el jardín del Alcázar con el Sha de Persia, como veremos con la Washintoniana robusta.

A pesar de tratarse de una especie de tardía introducción en los jardines europeos, el distintivo morado de sus hojas y su profusa y temprana floración rosada, unido a su rusticidad y tamaño medio, ha facilitado su distribución siendo hoy una especie habitual en el paisajismo y las composiciones en la jardinería de todo el mundo.

Al igual que los otros Prunus, su floración pronta y melífera atrae a multitud de insectos ansiosos por empezar las labores de primavera y rellenar sus despensas e incluso aves, como la cotorra argentina, que se come sus flores y drupas.

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Nomad Garden

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